Como en Camara Lenta
24 de junio, 2006Hola Amigos
Hoy al salir del hotel, me dirigí con Gustavo y Gerardo a tomar el taxi que nos llevaría al trabajo en la rutina diaria, nos montamos y le dimos la dirección al chofer quien rápidamente acelero para entrar en el trafico de Dubai, viendo los edificios con sus fachadas de vidrio de diferentes colores reflejando la luz del sol, mi mente se transporto cruzando las barreras del tiempo y el espacio, apareció mi abuela María con sus dedos deformados por la artritis y endurecidos con callos formados por una vida de servicio al frente de la cocina de nuestra casa.
Estas manos que para otros pueden ser repulsivas, para mi resultaban tiernas y suaves, pues desprendían todo el amor y pasión de madre cuando acariciaban mi cabeza y apretaban a esta contra un cuerpo suave, al igual que a la mejor almohada de plumón.
Esta película mental me recordó, parte de las enseñanzas de biología sobre la herencia, pues mi madre hoy en día también tiene las mismas manos deformes que tenia mi abuela y que a la vuelta de poco tiempo tendré yo.
Nuestra mente nos engaña, pues se las inventa para hacernos creer que estamos siempre jóvenes, nos hace pensar que los veinte o treinta no se han ido, pero nuestro cuerpo viejo y deteriorado que le sirve de prisión nos hace regresar a la realidad.
Es muy difícil aceptar que estamos perdiendo ese infinito tesoro que representa la juventud, pero al igual que mi abuela y mi madre aceptaron con resignación su estado, a mi también me tocara aceptarlo.
Algunas veces nos da rabia, pues si no tenemos nuestros lentes a mano somos casi como inútiles, al ir de compras nos damos cuenta que cada vez la talla que necesitamos es mayor, que la memoria infalible que teníamos ahora presenta lagunas y que necesitamos de medicamentos a diario para sentirnos bien.
El deterioro de ese cuerpo va creando los barrotes que servirán de prisión para nuestra mente que nunca envejecerá.
Gracias a Dios tanto mi abuela como mi madre han sabido asimilar este proceso inevitable del que todos tarde o temprano formaremos parte y me han hecho caer en cuenta que debemos sentirnos orgullosos de ser viejos, pues hemos vivido mas que los mas jóvenes y contamos con la experiencia que dejan los años.
Nunca mas a mi edad podre realizar aquellas proezas que realice cuando solo contaba con 24 años, y era capaz de con 30 kilos a la espalda subir a alguna montaña para tener una de las experiencias mas alucinantes que ser humano pueda vivir, pero tampoco nadie podrá impedir que reviva esos momentos a mi antojo.
Nunca mas podre ver a mi Adriana como cuando la convertí en mi mujer llena de gracia, belleza y tan liviana que la podía cargar en mis brazos cada vez que cruzábamos el umbral de una nueva residencia, pero tampoco nadie podrá impedir que cree fantasías con esas imágenes vividas y alimente ese amor que todavía siento por ella..
Hay muchas cosas que me faltan por vivir y también muchas que estoy seguro que nunca viviré, pero esta incógnita hace que ahora viva cada día, cada momento con mayor intensidad y que vea, sienta, oiga y analice mas las cosas que cuando joven pasaban desapercibidas..
Esta experiencia tan maravillosa que me ha brindado Dios de vivir fuera de mi tierra y conocer personas, costumbres, religiones, culturas y cantidad de otras cosas diferentes, me ha ayudado a cambiar la perspectiva de mi vida, consolidar los lazos con la familia, valorar mucho mas la amistad, entender que cada uno de nosotros es único e individual y que Dios debe estar presente para lograr ese equilibrio entre lo divino y lo mundano.
Lo único lamentable es que esta forma de vida llega a uno tarde, mucho después de haber pasado el zenit de la curva de nuestras vidas, que no daría yo para poder pasar a mis hijos la totalidad de esta experiencia y evitar que ellos cometan los errores típicos que se cometen cuando uno es joven, y las hormonas predominan sobre la razón.
Ahora en que la vejez gana mas terreno a la juventud, la vida se vive a una velocidad menor, la puedo comparar con las repeticiones a cámara lenta que vemos durante la trasmisión de un evento deportivo, ahora nos damos cuenta de todo los detalles que perdíamos cuando el impulso de la juventud controlaba nuestras vidas, no quiero decir con esto que ahora el tiempo pase mas lentamente, pues seria totalmente falso, pero aunque sea contradictorio el tiempo pasa mas veloz pero las vivencias se mueven en cámara lenta.
Para ustedes los que todavía están jóvenes quien sabe no entenderán nada de lo que les hablo, pero para los que como yo ya están mas de allá que de acá, podrán comprenderlo con facilidad.
Hoy en vez de estar triste por perder la juventud estoy alegre por disfrutar cada día como si fuera el ultimo de mis días.

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